Putin «probablemente» aprobó el asesinato del exespía ruso Litvinenko

«Tomando en cuenta todas las evidencias y análisis que he tenido a mi disposición, considero que la operación del FSB [el sucesor del KGB] para matar a Litvinenko probablemente fue aprobada por el señor Patrushev [director del FSB] y también por el presidente Putin». Esa es la esperadísima conclusión de la investigación de la justicia británica sobre el asesinato en 2006 en Londres del espía ruso Alexander Litvinenko, envenenado con polonio 2010 por los ex agentes de la KGB en un hotel de lujo londinense, donde contaminaron su taza de té con el isótopo radiactivo.

El informe, que se ha hecho público en la mañana del jueves, ha sido dirigido por Sir Robert Owen, un respetado jurista, magistrado del alto tribunal británico y miembro del Consejo de la Reina.

La conclusión de la justicia británica tiene grandes implicaciones políticas, porque David Cameron se tendrá que debatir entre lo honorable –tomar sanciones inmediatas contra Rusia e incluso contra Putin- o acogerse a los enjuagues de la realpolitik y mirar para otro lado. Diplomáticos del Foreing Office le han pedido que no actúe, sobre todo porque la próxima semana se celebra en Viena una crucial cumbre sobre el futuro de Siria, donde han muerto ya 300.000 civiles y se ha desatado el mayor éxodo de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Rusia tiene un papel estelar en ese encuentro, en el que también participarán los británicos, y el caso Litvinenko podría estallar en la mesa de las potencias si el Gobierno inglés actúa en conciencia y toma medias tras el informe de Sir Robert Owen, de 300 páginas.

«Las palabras de mi marido en su lecho de muerte han sido probadas en la corte de justicia», asegura la viuda del exespía

Marina Litvinenko, que ha luchado con su hijo adolescente de manera infatigable para que se haga justicia póstuma a su marido, que se declaró a las puertas del tribunal «muy contenta» por las conclusiones de la investigación. «Las palabras de mi marido en su lecho de muerte han sido probadas en la corte de justicia». La viuda pidió de inmediato al Gobierno británico que expulse a todos los espías rusos en el Reino Unido e imponga sanciones a Rusia y a las personas implicadas, incluido Putin.

Litvinenko fue un teniente coronel de la KGB, que en 1996 pasó a convertirse en la FSB. En 1998, siendo el hoy presidente Putin responsable de la FSB, Litvinenko y otros agentes acusaron a sus superiores del asesinato de varios magnates caídos en desgracia. El denunciante acabó en la cárcel. En el año 2000 consiguió por fin asilo político en Londres, donde trabajó como periodista, consultor de seguridad y confidente del espionaje británico al servicio del MI6.

En realidad el exespía fue un disidente entregado a desacreditar a la autocracia rusa, a la que implicó en el asesinato de la periodista Anna Politkovskaya. La prensa inglesa aseguró en su día que existe una grabación en la que Litvinenko relacionaba poco antes de morir a Putin con el criminal Semion Mogilevich, uno de los diez más buscados por el FBI.

Un escrito culpando a Putin

Litvinenko murió en el hospital del University College el 23 de noviembre de 2003, consumido por la radiación, sin pelo y con apariencia pálida, espectral. Dejó un escrito acusando a Putin («que Dios le perdone por lo que ha hecho», concluía).

El presidente ruso calificó en su día su fallecimiento de «tragedia» y alegó que no existían pruebas de muerte violenta. Veinte días antes de morir, Litvinenko había tomado el té en el hotel Parkes de Knightsbridge con dos excompañeros de la KGB, Andrey Lugovoy, que se cree que es el autor material del envenenamiento y hoy ocupa un escaño en la Duma, y Dimitry Koutun, en la actualidad empresario. Rusia se niega a extraditarlos, aunque hay orden internacional de captura por asesinato.

El magistrado considera «seguro» que Lugovoy y Koytun fueron los asesinos

Lugovoy ya ha declarado esta mañana que las acusaciones son «absurdas», El magistrado considera «seguro» que Lugovoy y Koytun fueron los asesinos. Como móvil del crimen señala sus críticas al FSB y a Putin y su asociación con otros disidentes rusos. «Indudablemente hay una dimensión de antagonismo personal entre el señor Putin y el señor Litvinenko», señala el juez. «En términos generales, miembros de la administración de Putin, incluido el propio presidente y el FSB, tenían motivos para actuar contra Litvinenko, incluido matarlo a finales de 2006».

El informe considera que el uso de polonio 2010 es “un indicador muy claro de la implicación del Estado”. La justicia británica cree incluso que la elección de esa muerte lenta por radiación buscaba “enviar un mensaje”.

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ABC

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